Navidad lejos de casa

A finales del año 2010 me encontraba ya por terminar la universidad y con no más de 1 mes en mi nuevo empleo, me dieron la excelente noticia de que tendría dos semanas de vacaciones por las fiestas decembrinas… por supuesto lo primero que se me vino a la mente fue preparar un viaje! Aunque eran dos semanas libres, si quería hacer un viaje de más de 6 días, debía tomar la decisión de ausentarme de casa en Navidad o durante la noche de año nuevo. Considerando que las navidades en casa siempre han sido algo bastante discreto con mis padres y mis hermanos, donde no se prepara una gran fiesta ni se invita a todo el gremio familiar, pues la decisión de viajar durante esta tan tradicional y conservadora noche fue muy fácil para mí y desde entonces la historia se ha repetido año con año. Ni siquiera hice el intento de invitar a alguno de mis amigos a esta aventura porque de antemano sabía que obtendría un “No puedo” como respuesta.

Ciertamente creo que en un primer año me ganó la emoción propia del viaje y me olvidé de todos esos sentimientos, creencias y tradiciones acerca de que Navidad DEBE pasarse siempre al lado de la familia. Una vez en el avión con rumbo a Oaxaca, ese diciembre de 2010, no voy a mentirles; por supuesto que me dio nostalgia pensar que a mi familia le iba a faltar una pieza en nochebuena y pues que quien sabe en dónde y quien sabe con quién iba yo a compartir los siguientes días.

También he de advertirles toda la avalancha de reclamos que recibí por parte de la familia (tíos, primos, abuelos, etc.) gracias a esta brillante decisión, pero al paso de los años creo que ya se han acostumbrado; han aceptado y asimilado que los viajes son mi vida, mi más grande pasión y que no importará mucho si en alguna de mis travesías se cruza navidad, año nuevo u otra fecha relevante.

Créanme NO PASA NADA!! Ni los van a dejar sin herencia, ni les quitarán el apellido, no van a dejar de hablarles (bueno, tal vez sí pero sólo por un par de días), ni mucho menos los van a dejar de querer, al contrario, el hecho de estar lejos hará que los extrañen como nunca antes lo han hecho.

Si aún están dudando el hecho de que pasar navidad lejos de la familia puede ser una buena idea, pues aquí les comparto brevemente cómo han sido mis últimas navidades:

2010 Oaxaca

Estaba hospedado en el Hostal Casa Ángel, en un dormitorio para 8 personas y en nochebuena el staff organizó una parrillada en la terraza del edificio, había una fogata y entre los asistentes a “la cena” habíamos viajeros de México, Irlanda, Reino Unido, Alemania y Australia. Si mi memoria no me falla, únicamente había una pareja y los demás en teoría éramos unos completos desconocidos. Recuerdo claramente haber ido después con una chica mexicana, su novio de Luxemburgo y un chico del hostel a una cantina del centro histórico que tenía más de 100 años y terminamos la noche en un pequeño bar. Nada de fiesta ni excesos, sólo una noche más de plática entre viajeros…

2011 París

Era mi primer viaje al extranjero! Y luego de pasar unos días por Alemania, República Checa y Holanda, finalmente llegué a la ciudad luz para disfrutar de mis últimos 3 días del viaje. Estaba hospedado en el hostal St. Christopher’s Inn Canal, en un dormitorio que me costó 26 euros por noche, donde además estábamos nada más y nada menos que 16 personas (creo que a la fecha ha sido lo más caro que he pagado por una cama).

El 24 de diciembre me la pasé vagando por la ciudad y ciertamente no tuve oportunidad de socializar con los demás viajeros sino fue hasta llegada la noche y la hora de la cena que comencé a platicar con dos chicas de China quienes por primera vez en la vida experimentaban el fenómeno de la navidad porque, según me contaron, ¡en China no hay Navidad! A la mesa se nos unió otro viajero solitario procedente de Sudáfrica, quien a pesar de haber sido asaltado unas horas antes, no demostró un ánimo mermado y se integró bastante bien a nuestra plática. Aunque tampoco hubo una gran fiesta o reventón, se percibía un ambiente diferente a la de una noche cualquiera… todo viajero que te cruzabas en los pasillos sonreía y muy probablemente decía “Happy Xmas”. Un chico del dormitorio nos obsequió a todos un chocolate y antes de dormirme las chicas de China me regalaron un pequeño colgante (de esos que se ponen en los celulares) el cual tenía un significado interesante y que por cierto ya he olvidado =/.

2012 Puerto Vallarta, México

Por segunda ocasión hacía uso de Couchsurfing y en este bello puerto me recibió una joven estudiante de turismo de tan solo 18 años (en ese entonces); Lili Flores, sus dos hermanas y también sus padres hicieron de cierta manera que, después de dos años en hostales, yo volviera a pasar una navidad “en familia”.

Aunque Lili debía trabajar, el tiempo que pudimos pasar juntos me sirvió para recordar un poco mis días de estudiante cuando creía que eso de viajar era “cosa de ricos” y en cierto modo traté de contagiarle a Lili esas ganas y ánimos de que los viajes largos y fuera de México estaban más cerca de lo que todos imaginamos.

Hoy en día Lili se ha vuelto una excelente amiga y en el 2013 viajamos juntos por Perú y Bolivia, ella además ya ha visitado Guatemala y hasta se ha dado una escapada de casi 4 meses por Europa. ¿Viajar y estudiar al mismo tiempo es posible? ¡Claro!

2013 Bacalar, México

Para este año uno de mis mejores amigos de la universidad se unió a mi plan de viaje y pasamos juntos la Navidad en un lugar inigualable y de mis favoritos en México; La Laguna de Bacalar.

Llegamos el mismo 24 de diciembre al hostal “Magic Bacalar” donde fuimos recibidos por “Don Denis” un italiano, dueño del hostal y muy enamorado de México. Aceptamos hacer un recorrido por la laguna a bordo de un velero, el cual inició cerca de las 2:00 de la tarde y, de acuerdo al plan original, por ahí de las 5:00 estaríamos de regreso en el hostal para alistarnos a la cena Navideña que “Doña Silvia” prepararía… Ya lo he contado anteriormente en el post -Laguna de Bacalar-, pero en resumidas cuentas nos quedamos a la deriva en medio de la laguna porque el viento simplemente dejó de soplar y no había poder humano o divino que nos dejara navegar más deprisa. En el velero íbamos: 2 chicos de Francia, 1 chica alemana, 1 americano, Popeye (el guía), mi amigo y yo.

Más de 4 horas a la mitad de la laguna te dan para pensar muchas cosas y lejos de asustarme, una vez caída la noche sobre nosotros, hubo un momento en el que simplemente me dediqué a ver el cielo y a traté de no pensar en nada… vaya experiencia tan simple pero extremadamente reconfortante y placentera!

2014

En pocos días inicio otro de mis anhelados viajes y esta ocasión he decidido repetir un lugar que me dejó simplemente enamorado:

Próximamente….

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